Salud

7 señales para detectar problemas visuales en niños

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Detectar problemas visuales en los niños es más complejo de lo que se cree, ya que por lo general ellos no manifiestan los síntomas -sobre todo en los primeros años de vida- o, sencillamente, no saben que la manera en que ven tiene algo fuera de lo normal.

Será responsabilidad de los padres prevenir y tratar las alteraciones que puedan afectar la vista de los niños, tanto si éstas se desarrollan durante la infancia como si son congénitas

“Las alteraciones oculares muchas veces son imperceptibles, ya que si sólo se manifiestan en un ojo se hacen evidentes si por algún motivo se tapa el ojo con buena visión y queda descubierto el del problema -explicó la médica oftalmóloga Carolina Colutta-. También suele suceder que si ambos ojos están afectados, y los niños perciben su mundo a través de éstos, creen que es la única forma de ver, razón por la cual no lo detectan como un síntoma extraño”.

 Es responsabilidad de los padres prevenir y tratar las alteraciones que puedan afectar la vista de los niños

 

La directora médica del Instituto Oftalmológico Buenos Aires (Ioba) destacó que “no tratar a tiempo los problemas visuales de los niños aumenta los riesgos de sufrir enfermedades que, a largo plazo, pueden comprometer su salud visual en otras edades”. Y tras señalar que “a la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo se pueden sumar otras anomalías como el estrabismo, el ojo vago o ambliopía”, la especialista dio algunos signos para detectar de manera temprana alteraciones en la vista de los más chicos.

1- Tienen dificultades para elegir los colores de la gama básica. Esto se puede apreciar tanto en sus elecciones cotidianas y en su sentido de la observación, como en el momento de realizar combinaciones cromáticas. Los problemas visuales relacionados con los colores no tienen que remitir al daltonismo, que es, en sí mismo, una anomalía más compleja.

2- No prestan la atención debida. En este punto, es fundamental saber distinguir los problemas de atención de aquellos que se derivan de las anomalías visuales. En este último caso, se cansan con facilidad y su interés por lo que se les explica va diluyéndose.

3- Si interactúan de manera asidua con dispositivos electrónicos como smartphones, tablets o teléfonos celulares, será notoria su tendencia a permanecer cerca de las pantallas para no perder detalle de lo que ven o leen.

4- Algo similar a lo anterior ocurre cuando consultan libros de texto o folios de papel. Se acercan más de la cuenta para entender lo que está escrito.

 No tratar a tiempo los problemas visuales de los niños aumenta los riesgos de sufrir enfermedades que, a largo plazo, pueden comprometer su salud visual

5- Adoptan posturas extrañas con la cabeza. No es que tengan problemas de hiperactividad; en realidad, a veces realizan estos movimientos con el único fin de ver mejor los objetos, avisos, textos o, incluso, personas que tienen delante. Con el paso del tiempo, éstas se convierten en un hábito.

6- También es bastante frecuente que se sienten mal en el momento de escribir, algo que hacen de manera inconsciente. Lo que intentan decir es que no pueden enfocar ni apreciar lo que tienen en su campo de visión.

7- Si la anomalía es infecciosa o bacteriana, lo más habitual es que se froten los ojos con frecuencia y parpadeen insistentemente. En fases más avanzadas, el enrojecimiento de los ojos o el lagrimeo constante también pueden ser pruebas irrefutables de que algo no anda bien en la salud visual de los niños.

La importancia de los controles oftalmológicos de rutina

Colutta remarcó que “además de consultar con el oftalmólogo en las situaciones anteriormente citadas, y aunque no exista ningún problema visual aparente, existen momentos en la vida de un niño en los que se aconsejan revisiones oftalmológicas de rutina”.

Estos son:

– En recién nacidos, para descartar afecciones graves como cataratas, malformaciones de retina y retinopatía del prematuro.

– A los 6 meses de vida, para determinar la agudeza visual.

– A los dos años y medio, para pesquisar estrabismos intermitentes y valorar la agudeza visual.

– A los 6 años, para descartar defectos refractivos que alteren el aprendizaje.

Fuente: Infobae.com